«Mi última obra»: Tercer finalista del concurso Un Mundo de Cuento

«Mi última obra», el tercer relato clasificado como finalista en el concurso creativo Un Mundo de Cuento, redactado por Facundo Velásquez desde Salta, Argentina, nos acerca a la mirada de la Pachamama, la Madre Tierra, en su creación del mundo que habitamos. ¿Somos corresponsables en cuidar esta obra que es la Tierra? ¿De qué manera podemos contribuir más a su defensa, cuidado y bienestar?

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«Pachamama es una gran artista, que creó múltiples obras de arte como: “la vida”, “paisajes andinos”, “el amanecer”, “vos y yo”, entre tantos otros maravillosos cuadros que podemos ver al abrir los ojos. Pacha ha dibujado el mundo que conocemos y, diariamente, retoca las pinturas para que no se arruinen. Los humanos no entendían por qué ella los retocaba cada día y, sin embargo, son parte de esa obra; son arte, son vida.

Cierto día, Pacha anunció que tenía una gran obra en mente y no volvió a retocar los cuadros; la gente no le dio importancia y pensó que solo se tomaría un día, luego dos, y siguieron tres, cuatro, cinco, hasta que las obras empezaron a arruinarse. Sus colores se apagaban lentamente; el verde ocupaba cada vez menos espacio, el color cristalino comenzó a secarse, el celeste se tornaba de a poco más oscuro… todo se ponía de un color triste y diferente al que estaban acostumbrados a admirar. Las personas extrañaban a Pacha, no sabían cómo continuar sin su cuidado, y en ese momento de aflicción, comprendieron la razón por la que cada día ella volvía a poner esos colores: daban vida.

El tiempo pasaba y ella no regresaba, hasta que un día alguien se animó a decir algo completamente loco:

— Me cansé de este panorama, voy a pintarlo.

Al principio le costó bastante ya que no tenía la menor idea de cómo pintar, le faltaban colores y técnicas, pero fue aprendiendo con el tiempo. La gente, en un inicio, no comprendía qué era lo que esta persona estaba haciendo, solo la veían pintar y repintar los paisajes que estaban en su camino. Sin embargo, podían notar que lo poco que hacía, volvía a darle vida a las obras de Pacha.

Muchas otras personas fueron contagiadas por su iniciativa, se entusiasmaron al observar que funcionaba y pusieron a disposición los colores de los que estaban hechos ellos y ellas mismas, la técnica con la que fueron creadas, la esencia de su arte y su creatividad, para que entre todos pudiesen recuperar y, por qué no también, seguir pintando el mundo.

Viendo los resultados de sus esfuerzos, se dieron cuenta que este es un trabajo de todos los días y que, si ellos mismos no cuidaban las pinturas, no tendrían lienzo en donde vivir. También entendieron que ellos y ellas son las pinturas, mantenerlas es lo que les seguía manteniendo en vida en ese cuadro pintado con una técnica armoniosa entre la gente y el arte que les rodeaba. Entonces, entre todas y todos hicieron la promesa de continuar cuidando todo hasta que Pacha regresase.

Un día, Pacha volvió, pero no se mostró al público, sino que sigilosamente colocó un marco alrededor del mundo al que ella llamaba lienzo, y escribió debajo: “Mi última obra: la revolución de la meta-pintura, donde el arte se convierte en artista y se reinventa cada día para cumplir su promesa… han madurado”.

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*Ilustración diseñada por Teresa Martín Cuadrado


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