Trabajo de campo para la evaluación de impacto de Fe y Alegría

Hace algo más de un año comenzó la evaluación de impacto de las escuelas de Fe y Alegría impulsada desde la Iniciativa Federativa nº5: Medición e investigación educativa, liderada por Entreculturas de la mano de Lucía Rodríguez.

Esta evaluación, como ya se ha comentado en otras ocasiones, está abordando tres niveles de análisis de impacto: 1) en estudiantes, 2) en las comunidades y 3) en las políticas públicas de los países, y está siendo realizada por un equipo de la Universidad de Rótterdam.

A finales del año pasado se realizó la evaluación piloto en las escuelas de FyA Bolivia, comparando resultados con escuelas similares de la zona. Y en estos meses se está llevando a cabo el trabajo de campo en cinco países más: Colombia, Perú, Guatemala, Venezuela y República Dominicana.

En este último país, Entreculturas ha tenido la oportunidad de acompañar el trabajo del equipo de evaluación externo, con la intención de aprender y apropiarnos de la metodología que están empleando y así poder aplicarla en futuras evaluaciones.

Belén Rodríguez es miembro del equipo que lidera el proceso y visitó junto a los evaluadores, la escuela de Atabeira, en la región Este del país, inserta en un batey (asentamiento de trabajadores de la caña de azúcar) con estudiantes haitianos, donde se trabaja por superar las barreras que supone el ser migrante; y La Presentación, en la zona Norte y rural del país, escuela inmersa en un cacaotal, actualmente con graves problemas de contaminación del río que atraviesa la comunidad.

En ambas escuelas se ha trabajado para recoger las historias de estudiantes, docentes, personas de la comunidad, antiguos alumnos y alumnas, etc. que ayudaran a entender cuál ha sido el aporte de Fe y Alegría en la vida de las personas y de la comunidad.

Así, se pudieron conocer historias como la de Carolina, graduada de FyA que salió a la capital a estudiar y volvió a la comunidad hace seis años como odontóloga: Quería trabajar aquí, en mi comunidad, porque aquí estoy con mi gente. O la de Francisco, graduado en 1994 y abogado, que cuenta cómo su profesora de la escuela, María Cristina, le motivó para seguir estudiando.

También conocimos a Carlos, docente de inglés en FyA, que nos explicaba la importancia de entender el contexto donde está la escuela y de ayudar a los y las estudiantes a desenvolverse en el mundo: La preparación de los jóvenes tiene que ser para la vida. Es darles las competencias para enfrentarse al mundo que estamos viviendo. No nos basamos solo en un currículum, sino que viendo las fortalezas y debilidades de cada uno, los preparamos para que puedan salir a la calle. Y si no pueden ir a la universidad, por un asunto económico o lo que sea, que puedan desenvolverse en otro contexto, en otra área laboral, que les sirva para la vida.

O la historia de Sonia, profesora de lengua española, que comenzó llevando a sus tres hijos a la escuela de Fe y Alegría de su comunidad, escuela que le ofreció un puesto de trabajo limpiando para, posteriormente, ayudarla con sus estudios universitarios y, finalmente entrar como profesora. Afirmaba emocionada: Fe y Alegría te promueve, para que desarrolles tus capacidades y después aportes a la sociedad. Se interesa por la gente, por la condición que tú tienes, ellos te dan a ti para que tú puedas avanzar, a ser alguien diferente dentro de tu comunidad, sin olvidarte de los demás.

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