Círculos de aprendizaje: mujeres que aprenden, mujeres que inspiran

En octubre del año pasado, hice mi primer viaje a Perú. Una de las experiencias que más me marcó fue conocer Iquitos, una ciudad ubicada en el departamento de Loreto, en plena Amazonía peruana. Iquitos es una puerta de entrada a la selva peruana, con su clima tropical, su gente cálida y amable, y ese acento tan característico que te envuelve con su encanto.

Allí conocimos el increíble trabajo que lleva adelante la Red Rural Educativa 47 de Fe y Alegría Perú , que acompaña a 2.841 estudiantes en 22 comunidades a lo largo de la carretera de Nauta (distrito de San Juan Bautista, Loreto). La red gestiona 17 escuelas iniciales, 22 primarias, 5 secundarias (una con residencia estudiantil), un Centro de educación alternativa (CEBA), un Centro de Educación Técnico-Productiva (CETPRO) y un Instituto Superior Tecnológico (IST) . ¡Vaya trabajazo!

Si bien me llevo muchas caras, nombres y momentos de este viaje, hay una visita en particular que me dejó una experiencia que guardo con mucho cariño. Fuimos a la comunidad de Ex Petroleros , donde funcionan los círculos de aprendizaje de Educación Básica Alternativa (EBA). Estos círculos son espacios descentralizados e itinerantes que llevan la educación hasta donde realmente se necesita, generalmente en contextos rurales o contextos vulnerables donde la escuela no llega, o son difíciles de acceder,  creo que eso es lo más interesante, la idea de la educación en movimiento. Estos círculos permiten que jóvenes y adultos que no pudieron terminar la primaria o secundaria lo hagan sin tener que asistir todos los días a un centro educativo.

Llamativamente, en este círculo asisten mayormente mujeres. Nos reunimos en el aula donde reciben las clases, en plena siesta, con un calor húmedo característico de la selva. Escuchamos historias increíbles, relatos de mujeres valientes que han superado muchas dificultades. Muchas de ellas asisten a las clases con el sueño de aprender a leer y escribir para poder ayudar a sus hijos en la escuela . Pero hubo algo que todas resaltaron y que, en mi opinión, es el gran desafío: para ellas, estos círculos no son solo espacios de aprendizaje, sino también de encuentro con otras mujeres, de escape de la rutina, de liberarse de roles tradicionales que han cargado toda su vida (cocinar, encargarse del hogar, cuidar de todo y de todos) para, por primera vez, hacer algo por y para ellas mismas.

También valoraron muchísimo a sus profesores y profesoras, que con cariño y paciencia las guían en este proceso. Aquella tarde, en ese pequeño salón de clases en medio de la selva amazónica peruana, confirmé una vez más que lo que hacemos desde Fe y Alegría vale la pena . Aún queda mucho por hacer, mucho camino por recorrer, muchos desafíos que asumir pero saber que estamos contribuyendo a cambiar la vida de tantas personas, y en este caso de tantas mujeres, pues es una fuente de motivación.

No quería dejar pasar este mes de marzo, en el que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, sin compartir ésta experiencia con ustedes. Mujeres que inspiran, historias que nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos.

Natalia Báez (Área de Cooperación Educación – Técnica de proyectos de México y Perú).

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