El 20 de noviembre de 2025 visitamos la escuela primaria de Andranomavo, en Madagascar, para celebrar con toda la comunidad la inauguración de una pequeña construcción con dos nuevas aulas. Para las familias y, muy especialmente, para los niños y niñas, este edificio representaba mucho más que un espacio físico. Gracias al compromiso conjunto de la población local, de Fe y Alegría Madagascar y de Entreculturas, parte del alumnado dejaba atrás unas aulas antiguas, pequeñas y poco ventiladas, dando un primer paso hacia un futuro educativo más digno y esperanzador.
Sin embargo, pocas semanas después, la realidad volvió a poner a prueba a la comunidad. En esta región del país, la temporada de lluvias comienza en noviembre, y este año las lluvias están siendo especialmente fuertes. El 4 de diciembre, una violenta tormenta con fuertes vientos asoló la aldea. Como consecuencia, la escuela resultó gravemente dañada: el tejado fue arrancado y parte de los muros y del mobiliario quedaron destruidos. Afortunadamente, las clases se habían suspendido unas horas antes y el alumnado se encontraba a salvo en sus casas.

En los primeros momentos, la tristeza y la decepción fueron inevitables. La comunidad estaba ilusionada con esta nueva etapa que acababa de comenzar y el golpe fue duro. Pero como sucedió durante todo el proceso de construcción de la escuela, esta vez la respuesta fue colectiva. Desde el primer momento, el equipo de Fe y Alegría Madagascar acompañó a las familias y al personal docente, visitó la aldea, evaluó los daños y, junto con la comunidad, empezó a buscar soluciones. Como medida temporal, la escuela, las familias, Fe y Alegría Madagascar y la parroquia acordaron acondicionar la iglesia y utilizarla como escuela para que la educación no se interrumpa mientras se llevan a cabo los trabajos de rehabilitación. Entreculturas está apoyando este proceso para que la escuela y la comunidad puedan retomar la normalidad lo antes posible.
La historia de la escuela de Andranomavo es un ejemplo de resiliencia, de compromiso comunitario y de confianza en la educación como motor de transformación. Porque, incluso cuando la tormenta lo arrasa todo, la esperanza sigue en pie allí donde hay una comunidad decidida a reconstruir y a seguir apostando por el futuro de sus niños y niñas.

