Como en años anteriores, desde La LUZ de las NIÑAS hemos facilitado una sesión con el alumnado del máster de Cooperación al Desarrollo de la Universidad de Comillas. En ella, el pasado 25 de febrero, Elisa García e Irene Sánchez-Prieto compartimos el trabajo que desde Entreculturas hacemos en torno a nuestras campañas sobre equidad de género y, en particular, La LUZ de las NIÑAS.
A partir de la experiencia concreta de La LUZ de las NIÑAS, pudimos dialogar sobre la intersección de proyectos educativos y de comunicación, y de cómo incorporar el enfoque de género y sus intersecciones. Hablamos de nuestro trabajo, junto a Fe y Alegría y el JRS, en el acompañamiento a niñas y adolescentes víctimas de violencia, en la prevención de violencia contra las niñas y el trabajo para asegurar su acceso a la educación. Y de cómo, desde el trabajo de comunicación y sensibilización, nos centramos en visibilizar las violencias para sensibilizar e incidir en las normas sociales y estructuras que generan desigualdad y violencia contra las niñas.
Tuvimos la oportunidad de reflexionar sobre cómo la comunicación, como construcción social, define y reproduce relaciones de poder y de género, pero también de cómo tiene la capacidad de transformarlas y cambiar la manera que tenemos de ver el mundo. Por eso desde Entreculturas defendemos una comunicación que ponga en el centro a las personas, sus historias y testimonios y su agencia comunicadora.
También incidimos en la importancia de plantear el enfoque de género de manera transversal en todos nuestros proyectos y acciones comunicativas, no sólo en aquellos donde las niñas y las mujeres son protagonistas. Esto es clave no sólo a la hora de medir resultados, sino desde el inicio, en los procesos de planificación y nuestros equipos.
Trabajar para reducir las desigualdades y la manera en que las organizaciones sociales representamos las realidades exige que estemos constantemente revisándonos y estando alerta de sesgos para evitar reproducirlos. En un mundo que cambia, y unas nuevas tecnologías digitales que se incorporan a nuestros trabajos y que ahondan en la brecha de género y otras desigualdades perpetuando sesgos que llevamos años deconstruyendo, seguimos siendo las personas, desde nuestra experiencia y capacidad crítica, las encargadas de transformarlas para promover una sociedad más justa.
