Este año nuestra campaña de Navidad tiene como protagonista a Kim, una niña indígena Maya que vive en una zona rural de Guatemala y creció en un entorno rodeado de belleza y color, pero también de muchas amenazas y violencias para las niñas. En su cultura, el colibrí es un símbolo de fuerza, de resistencia, de perseverancia y, además, es un ser sagrado que puede hacer los deseos realidad. Por eso el colibrí es, junto con Kim, protagonista de nuestra campaña. Con este símbolo hemos querido representar la fuerza y la resistencia de millones de niñas que luchan cada día por acceder a una educación que les brinde oportunidades de futuro.
Kim tuvo una infancia difícil. Además de vivir inmersa en una realidad de extrema violencia, con solo 12 años se vio obligada a abandonar el colegio y a trabajar fuera de su ciudad para ayudar económicamente a su familia. A pesar de ello, comenzó a estudiar por las noches y a escondidas. Hoy tras muchos esfuerzos, está a punto de graduarse y es un referente de esperanza y posibilidad para su entorno.
La historia de Kim nos recuerda el poder de la educación para sanar heridas y para acompañar y transformar realidades. La educación hizo volar los sueños de Kim y hará volar los de multitud de niñas y niños a los que acompañamos en países como Sudán del Sur, Haití, Perú, Nicaragua, El Salvador o Chad.
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