Por primera vez hace 23 años vine como VOLPA a Nicaragua. Tuve la dicha de vivir 10 años en este precioso país; fui acogida por sus gentes, e hice amigos y amigas que aún hoy conservo, con quienes he compartido alegrías, música, lágrimas, trabajo, aprendizajes…
Llegaba a Managua el pasado 22 de abril, con cierto miedo a no reconocer, tras la crisis política, social y económica que vive el país desde abril de 2018, la Nicaragua que dejé años atrás.
En compañía de Marta (nuestra compañera expatriada que vive en El Salvador), y de la mano de nuestros compañeros/as de Fe y Alegría fundamentalmente, pero también del SJM y la UCA, hemos tenido la oportunidad de escuchar a muchas personas: niños, niñas, jóvenes, docentes, directores y directoras de los centros educativos, personas que promovieron el Movimiento Renovador Sandinista tras haber participado activamente durante la revolución sandinista en el 79 y luego en los 90… en todas ellas se percibe desconfianza, inseguridad, miedo, cansancio y dolor. También la certeza de estar viviendo una pesadilla de injusticia y la necesidad de esperanza.
Hay una profunda fractura social y polarización de visiones; al margen de posturas políticas las cifras de personas asesinadas, desaparecidas, prisioneras y solicitantes de asilo y migrantes a otros países son signos objetivos de violación de derechos humanos. Hay quienes dicen que la situación que hoy se vive es fruto de no haber sabido canalizar y hacer duelo de la revolución del 79, de los años 90 y tampoco de los acontecimientos vividos en 2018.
El trabajo de Fe y Alegría en este contexto, apostando por una cultura de paz y reconciliación en espacios de gestión acompañados y seguros como son las aulas, quiere aportar estabilidad emocional a los niños, niñas, padres, madres, docentes y personal directivo. No obstante no es tarea fácil. El no saber si la persona que tienes enfrente piensa como tú y puede denunciarte; el miedo experimentado a que los paramilitares se tomaran las escuelas y sacaran a los/as jóvenes de las aulas; o la incertidumbre de si alzar la bandera y cantar el himno nacional va a ser interpretado como subversión, hacen que cada día se viva con tensión, con «calma chicha» que dicen allá. Pese a todo Fe y Alegría “supera la opresión del pecho” (como decía una subdirectora de un centro educativo) y apuesta por el diálogo, la reconciliación y la justicia restaurativa. Ese es el enfoque del nuevo proyecto aprobado por la Unión Europea, en consorcio con Ayuda en Acción, sobre el que hemos tenido varias reuniones estos días para poder lanzarlo.
Me voy de nuevo de éste querido país habiendo abrazado, reído, cantado, llorado, rezado, conversado y compartido con nuestros compañeros/as nicas y con la gente. Y esa experiencia, tal y como me decía hoy Víctor, Director de Fe y Alegría Nicaragua, nos hace crecer como equipo humano.
Escribo desde el avión con la sensación de haber vivido una montaña rusa de emociones y con la certeza de que nuestras organizaciones socias están donde deben estar: con la gente, de una u otra manera; arriesgando a veces la libertad o incluso la vida, mientras fomentan una revolución de ternura que sea capaz de contrarrestar el odio, el miedo, la corrupción y la injusticia.
Con la certeza de que “nuestro estar” como Entreculturas es importante y necesario para las personas; y con el reto de discernir cómo mejor acompañar a Fe y Alegría, a la UCA y al SJM en términos económicos y de presencia en estos tiempos difíciles y que auguran tiempos de hambruna y pobreza mayores.
Gracias Nicaragua! Seguimos con ustedes!
