María Fernández Cendoya ha iniciado su experiencia VOLPA a inicios de febrero. Antes de partir de Zaragoza, hemos tenido la oportunidad de entrevistarla.
P. Háblanos un poco de ti, de tus estudios, profesión, un poco para situarte.
Yo soy María, tengo 26 años y desde niña he sido una persona muy curiosa. Cuando estaba en segundo de bachillerato, me fue súper difícil la decisión, porque me gustaban todas las carreras. Y al final opté por Ingeniería de Servicios, que es una ingeniería más adaptada a lo social. Me gustó mucho, pero es cierto que a la hora de trabajar, he estado en empresas que no estaban tan enfocadas a lo social, por decirlo así. Y bueno, durante más de cinco años, me he dado cuenta de que me gustaba lo que hacía, porque yo disfruto con todo, me considero una persona muy ‘disfrutona’, pero no me sentía plena, porque no veía el impacto en la sociedad.
También estuve de misión en Paraguay durante tres semanas y me encantó, fue lo que me ayudó a dar el paso de empezar la formación de Volpa.
P. Sobre la experiencia que vas a iniciar, ¿a dónde vas? ¿qué vas a hacer? ¿durante cuánto tiempo?
Bueno, pues me voy a ir a Perú, a un pueblito cerca de Cuzco, que se llama Andahuaylillas, en la Sierra. Voy a estar trabajando en un cole de Fe y Alegría por las mañanas. Luego comeré en el comedor social, que da comida a todo el que lo necesita en el pueblo, y por la tarde en la ludoteca, que pertenece también a la parroquia. La parroquia tiene una obra social muy grande dentro de ella. En principio, voy a ir un año, pero es cierto que con Volpa puede ser un año extensible a dos. 
P. ¿En el cole vas a dar clases de algo?
En principio, sí. Lo más probable es que dé clases de Inglés en secundaria. Pero me han dicho que no me haga expectativas de nada porque luego se llega ahí y la cosa es otra completamente diferente. Quizá cuando lleve unos meses y haya entendido un poco de lo que va Perú, de lo que va la cultura de ahí y demás, pase a acompañar también a los niños.
P. ¿Qué te mueve a lanzarte a una experiencia de este tipo?
Pues es una inquietud en el corazón. La primera vez que yo sentí esta inquietud yo tenía seis años, me acuerdo perfectamente del momento, y supe que en algún momento de mi vida me iba a ir un tiempo medio largo a algún lugar fuera de España, pues a lo que surgiera, a lo que hiciera falta.
P. ¿Y por qué Perú?
Pues la verdad es que no lo he elegido yo. Volpa es todo un proceso, incluye una formación y tienes un acompañamiento. Y al final los formadores, que conocen tanto tus inquietudes, tus motivaciones y demás, te asignan un proyecto. Tú puedes sugerir ciertas preferencias, un proyecto de educación, de migración, de lo que sea. Pero sí, te lo asignan.
P. ¿Con qué expectativas vas?
Creo que desde que empecé la formación de Volpa -aunque suene a tópico, pero es verdad- me ha cambiado mucho la mirada, o por lo menos, el querer mirar.
P. Explica más en qué sentido te ha cambiado la mirada: ¿sobre ti misma? ¿sobre tu proyecto de vida?
Pues, mira, te hablo de lo concreto. Sobre mí misma; no sobre mi proyecto. Digamos que tenía muy claro que me considero una persona muy abierta, que yo no soy nada clasista, no soy nada racista, no soy nada machista, porque de verdad era mi voluntad evitar ser así. Y de pronto… Fue hacer la formación y decir, ostras, encuentro dentro de mí unos clasismos, unos racismos y un machismo que por dentro me destruye y me está haciendo mucho daño. Entonces, ser consciente de esto, para mí ha sido como lo más importante de la formación de Volpa.
Y sobre la expectativa te diría que, ahora que soy un poco más consciente, ser consecuente estando ahí y en mi vuelta a España. No quiero enfocarlo como diciendo, esto es un voluntariado en el que yo voy a ayudar a no sé quién. Yo siento que quiero que esto sea de alguna manera para mí. Quiero que me ayuden a mí a cambiar esa mirada, como a desaprender un montón. Y creo que con ello es con lo que más yo luego voy a poder ayudar. El ayudar viene sólo cuando tu interior ha cambiado.
P. ¿Qué consejo darías a personas que se han planteado hacer este tipo de voluntariado? A lo mejor tú, como ellos, en su momento has estado dudando.

Yo misma empecé el proceso creyendo que no me iba a ir. O que no me iba a ir con Volpa. Y les diría que le den la oportunidad al proceso, al discernimiento. Y que luego tu consciente cambia. Porque tu interior es el mismo, pero tu consciente cambia. Y de repente dices… Yo llevaba toda la vida, cada vez que alguien me contaba que se había ido de voluntariado, de misión, de lo que sea… como que mi corazón ardía cada vez ¡Mucho! Y era como… ¡Calla, calla, calla! que yo voy a vivir una vida normal. Y es como que ahora que he dado el paso… es que mi corazón arde. O sea, estoy ahora mismo que vivo… este último mes, que está siendo muy emotivo con las despedidas, mi corazón es que arde a todas horas. Estoy feliz, plena. Diría que se den la oportunidad. Que siempre hay tiempo para decidir no irse.
