¿Puede un torno de metal cambiar el destino de una persona? Quizás la pregunta es un poco absurda y la respuesta evidente parece ser que no, sin embargo, hay talleres en distintas escuelas que están transformando vidas y entornos cuando se abordan desde la educación. Aprender un oficio técnico, en un país con grandes pérdidas de capital humano en los últimos años debido a la migración, es un acto de resiliencia que genera oportunidades y medios de vida.
El pasado viernes, junto con una delegación de la AECID que estuvo unos días en Venezuela, acudimos a la Escuela Técnico Industrial San José Obrero en Antímano, Caracas. Esta institución fue parte del programa “La Escuela en Tiempos de Crisis” entre los años 2021 y 2023 financiado por la Agencia de Cooperación Española. Durante la visita, el personal técnico de la agencia pudo observar el impacto que tres años después aun perdura en esta institución y el espíritu de nexo entre ayuda humanitaria y desarrollo del que se alimentó la intervención.
Estuvimos en la sala digital que dotó el programa, en la cual hoy se continúan dando lecciones de empleabilidad y realizan conexiones con empresas de la India para formación en Inteligencia Artificial, así como también, las aulas móviles dotadas de portátiles y tabletas que hoy forman parte de un laboratorio de robótica, en la cual con la ayuda de una impresora 3D se hacen pequeñas piezas o juegos didácticos para el aprendizaje de los alumnos en el área de construcción civil.

También pudieron ver en acción a distintos jóvenes en los talleres de metal-mecánica, participando en actividades y recreando piezas industriales, en especial a las adolescentes quienes, entre las chispas, pegan piezas de hierro o dan forma a un cilindro mientras gira el torno. Esto también es posible gracias a la actualización y contextualización curricular con enfoque de género que contribuyó a generar el programa.
La escuela ha podido continuar con el modelo de intervención psicosocial que se inició en el año 2021, lo cual ha permitido la incorporación de adolescentes neuro diversos en las aulas y talleres, buscando generar las competencias necesarias para que estos jóvenes tengan los medios de vida necesarios una vez salgan del entorno escolar. Así como también la atención de casos de vulneración con su correspondiente derivación a entidades especializadas, haciendo de este espacio un lugar seguro dentro de la violencia de los entornos en los que está inserta la escuela.
Los talleres de costura que en tiempos de pandemia elaboraron material de bioseguridad para la comunidad escolar hoy sirven para hacer los uniformes industriales de los jóvenes o los trajes de la banda show que cuenta la escuela como actividad recreativa y cultural.
La consolidación de esta esta escuela con el impulso del programa diseñado y ejecutado conjuntamente entre Fe y Alegría Venezuela y Entreculturas, evidencia que: la construcción contextualizada y participativa de las intervenciones, el potenciar los liderazgos locales y la generación de bases sólidas técnicas y materiales, hacen posible que un torno de metal sea capaz de cambiar realidades y entornos.
