Apartheid de género: cuando la discriminación contra mujeres y niñas se convierte en un sistema estructural de exclusión

¿Has escuchado hablar del “apartheid de género”? Este concepto está ganando espacio en el debate internacional para describir una realidad en la que la discriminación contra mujeres y niñas no es puntual, sino institucionalizada en la ley y en la práctica, además de ser grave, estructural y sostenida en el tiempo.

Este debate está siendo impulsado por personas expertas independientes de la ONU, como el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la discriminación contra las mujeres y las niñas y el Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en Afganistán, Richard Bennett. Dorothy Estrada Tanck, miembro del Grupo de Trabajo, ha explicado en una reciente entrevista con Entreculturas que el objetivo es dar un paso más en el pleno reconocimiento jurídico de estas situaciones: “estamos luchando para que se reconozca y se codifique el apartheid de género como un crimen contra la humanidad”.

¿Qué es el apartheid de género?

El apartheid de género se refiere a sistemas en los que la discriminación contra mujeres y niñas está organizada y sostenida a través de leyes, políticas y prácticas sociales que limitan y violan de forma sistemática sus derechos fundamentales.

Esto implica prohibiciones y restricciones en ámbitos clave como la educación, la movilidad, el acceso al empleo o la participación en la vida pública. No se trata de desigualdades aisladas, individuales o momentáneas, sino de estructuras que consolidan una exclusión continuada basada en el género.

Hablar de apartheid de género, por tanto, no es sólo describir una desigualdad grave. Es poner el foco en regímenes, sistemas y estructuras que organizan la exclusión de mujeres y niñas y que limitan de forma extendida y prolongada el ejercicio de sus derechos.

Origen del apartheid de género

El concepto de apartheid de género no es nuevo. Comenzó a utilizarse a fines de la década de 1990 por defensoras de los derechos de las mujeres, especialmente en Afganistán, para describir la situación de exclusión extrema que vivían las mujeres bajo el régimen talibán.

Durante ese periodo (1996-2001), las mujeres y niñas fueron apartadas de la educación, del empleo y de la vida pública, además de ver restringida su libertad de movimiento y su autonomía personal. Frente a esta realidad, activistas feministas empezaron a señalar que no se trataba solo de discriminación, sino de un sistema organizado de segregación basado en el género.

Con el paso del tiempo, el término perdió presencia en el debate internacional. Sin embargo, volvió a cobrar fuerza a partir de 2021, tras el regreso de los talibanes al poder en Afganistán y la reimplantación de restricciones que afectan de forma directa y continuada a los derechos de mujeres y niñas.

Desde entonces, defensoras de derechos humanos, organizaciones internacionales y expertas independientes han recuperado este concepto para describir contextos en los que la discriminación no opera de forma aislada, sino como un sistema sostenido de exclusión y opresión.

En este contexto, distintas expertas y expertos han señalado la gravedad de esta situación y la necesidad de analizarla desde un enfoque estructural. Como explica Dorothy EstradaTanck, miembro y anterior Presidenta del Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la discriminación contra las mujeres y las niñas, “la situación de las mujeres y niñas en Afganistán ha sido un foco prioritario” de su labor, lo que ha llevado también a ese mecanismo de derechos humanos a “documentar la situación de discriminación sistemática e institucionalizada contra las mujeres y las niñas en ese país, incluyendo a través de una visita oficial a Afganistán”.

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