«La escuela nos protege, es un lugar donde podemos aprender a ser independientes y a tener un futuro mejor para nosotras y nuestras familias”. Esta frase surge de manera natural durante una conversación con el grupo de Filles Leaders (chicas líderes), formado por 32 adolescentes de entre 13 y 19 años de la escuela de Fe y Alegría en Souhoulé, al sur de Guinea. Varias de ellas explican que algunas chicas de su misma edad en las aldeas cercanas ya han abandonado los estudios debido a matrimonios o embarazos adolescentes.
Para ellas, la escuela es mucho más que un lugar donde aprender. Es un espacio seguro donde pueden seguir construyendo su futuro, desarrollar sus capacidades y mantener vivos sus sueños.
Escucharlas hablar ayuda a comprender mejor la realidad que enfrentan muchas niñas en Guinea. El país se encuentra entre los que presentan mayores desafíos en materia de educación e igualdad de género. Las niñas y las mujeres siguen enfrentándose a distintas formas de violencia y discriminación que limitan sus oportunidades desde edades muy tempranas. Solo alrededor del 30% de las niñas completa la educación secundaria básica y el abandono escolar afecta especialmente a las adolescentes. Detrás de estas cifras hay realidades como el matrimonio infantil, una práctica que sigue siendo frecuente en el país: cerca de la mitad de las chicas son casadas antes de cumplir los 18 años y alrededor del 22% incluso antes de los 15.
En este contexto, Fe y Alegría va echando raíces en comunidades donde las oportunidades educativas siguen siendo limitadas y donde la escuela puede convertirse en un espacio de protección y esperanza. A través de sus distintas iniciativas, acompaña a niñas y jóvenes para que puedan permanecer en la escuela y terminar la educación básica, desarrollar su potencial y construir un proyecto de vida propio.
Uno de los espacios que mejor refleja esta apuesta es precisamente Filles Leaders. El grupo nació para responder a una realidad que sigue afectando a muchas niñas en sus comunidades. En esta región persisten creencias que limitan su acceso a la educación y refuerzan la idea de que su papel debe quedarse en el hogar. “Algunos chicos creen que pueden hacer lo que quieran con las chicas y que nosotras debemos someternos a lo que ellos quieran”, explican. “Cuando una niña saca buenas notas, a veces le dicen que su lugar está en la cocina o cuidando de la casa”.
Frente a ello, las jóvenes de Filles Leaders transmiten un mensaje claro: las niñas tienen derecho a estudiar, a expresar sus opiniones y a construir su propio futuro. Para hacerlo realidad, organizan actividades de sensibilización sobre igualdad y prevención de la violencia contra niñas y mujeres, representaciones teatrales y encuentros comunitarios que invitan a la reflexión y promueven cambios de actitud en su entorno. Además, impulsan pequeñas iniciativas productivas que les permiten desarrollar capacidades de organización, liderazgo y emprendimiento. Pero cuando hablan del futuro, sus sueños van mucho más allá.
Quieren convertirse en contables, ingenieras, economistas o emprendedoras. Quieren apoyar a otras niñas que sufren violencia. Quieren que más jóvenes permanezcan en la escuela y tengan oportunidades que muchas generaciones anteriores no tuvieron. “Nos gustaría ayudar a las chicas que sufren violencia en nuestras comunidades”, comentan. “Nos imaginamos que algún día el grupo tendrá incluso una abogada que pueda defender sus derechos”.
Aunque reconocen que el cambio cultural es lento y que todavía encuentran muchas resistencias, también perciben avances. “Ahora las chicas tenemos más herramientas para expresarnos y más confianza para defender nuestras ideas”, cuentan. “La educación me permite ser más fuerte para el futuro. Me ayuda a conseguir cosas por mí misma y a no depender de otras personas”, explica una de las alumnas.
Al escucharlas, resulta inevitable pensar que las estadísticas cuentan solo una parte de la historia. La otra está en sus voces, en su determinación y en su capacidad para imaginar un futuro diferente. Estas jóvenes no se conforman con el papel que la tradición ha reservado para muchas niñas de su entorno. Saben que existen otras posibilidades y trabajan cada día para alcanzarlas. En sus palabras, en sus proyectos y en sus sueños se encuentra la mejor prueba de por qué la educación sigue siendo una herramienta poderosa para transformar vidas y construir comunidades más justas e igualitarias.
