REFLEXIÓN:
- ¿Cómo hago de mi acción cotidiana una forma de “sanar” e integrar a las personas enfermas, cojas, ciegas, paralíticas de hoy…?
- ¿Asumimos el «riesgo» de incomodar?
- ¿Acojo la ayuda de otras personas para levantar mi “camilla” y ponerme en marcha?
Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Hay allí, junto a la Puerta de las Ovejas, una piscina que llaman en hebreo Betesda. Esta tiene cinco soportales, y allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dijo: “¿Quieres quedar sano?” El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se remueve el agua; para cuando llego yo, otro se me ha adelantado”. Entonces Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. Y al momento el hombre quedó sano, tomó su camilla y echó a andar.
Aquel día era sábado, y los judíos dijeron al hombre que había quedado sano: “Hoy es sábado, y no se puede llevar la camilla”. Él les contestó: “El que me ha curado es quien me ha dicho: ‘Toma tu camilla y echa a andar’”. Ellos le preguntaron: “¿Quién es el que te ha dicho que tomes la camilla y eches a andar?” Pero el que había quedado sano no sabía quién era, porque Jesús, aprovechando el barullo de aquel sitio, se había alejado. Más tarde Jesús lo encontró en el templo y le dijo: “Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor”. Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado. Por esto los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado.
Jn 5, 1-3; 5-16
Con nuestro trabajo o nuestro voluntariado tenemos la posibilidad de trabajar por la justicia apoyando a las personas que lo necesitan. Estamos llamados/as a poner en juego nuestra com-pasión y compromiso para hacer este mundo mejor.
La ayuda que se brinda a otras personas a veces puede resultar controvertida. Puede que al agradar a unas incomodemos a otras. También ocurre así a veces en nuestro día a día, en nuestro compromiso cotidiano. Sin embargo, el Reino está por encima de ello.
Si me pongo en el otro lugar, en el de la persona que lleva esperando 38 años. ¿Acepto que otros/as me ayuden a levantar mi “camilla” para ponerme en marcha?
Fuente: REZANDO VOY

Gracias! Este evangelio es una llamada a incrementar nuestra confianza, y esperanza… pero también a la humildad. Hay que «saberse» dejar ayudar… para sanar y eso no es fácil. También es una llamada a acompañar a otros/as en sus procesos de sanación…