Entreculturas y JRS apuestan por el futuro de la población refugiada en Líbano

El barrio beirutí de Bourj Hammoud es exactamente como te lo imaginas si te cuentan que es una de las zonas más antiguas de la ciudad, un área mixta residencial, industrial y comercial y uno de los distritos más densamente poblados del levante mediterráneo.

En los bajos de los edificios con terrazas cubiertas con largas cortinas de rayas, cientos de antenas parabólicas y miles de cables enredados, se pueden encontrar talleres de oficios artesanales como joyería o cuero y numerosos puestos de especias.

Aquí conviven desde hace decenios población armenia, maronita y árabe musulmana chiita con libaneses cristianos de origen fenicio y griego y residentes extranjeros árabes. Y a este crisol cultural se suman, desde hace unos años y no sin dificultades, numerosas familias refugiadas que huyeron del conflicto de Siria, de cuyo inicio se acaban de cumplir ocho años.

Porque los escasos recursos de Líbano no impiden que sea uno de los principales países receptores de población refugiada. Pero su ya de por sí delicada situación socioeconómica sí complica la integración y el empleo de toda una generación forzosamente desplazada que está creciendo en un país ajeno que ni siquiera es signatario de la Convención de Ginebra (1951) sobre el Estatuto del Refugiado.

Sobre esta cuerda floja de carácter político y económico, caminan las más de quinientas alumnas y alumnos del centro Frans Van der Lugt, en el que el fantástico equipo del Servicio Jesuita a Refugiados ofrece un proyecto de educación que va mucho más allá de lo académico.

Beatriz de Felipe y yo hemos tenido la oportunidad de acercarnos a esta realidad y ver de primera mano cómo, desde Entreculturas, nos hacemos presentes a través de una colaboración con la Fundación ProFuturo, que nos permite ser pieza clave de este proyecto integral. No sobre el papel y las cifras, sino a través de personas concretas:

Vimos en acción al equipo de trabajadoras y trabajadores sociales del centro, que garantizan un seguimiento individual de todo el alumnado y la mediación con sus familias, además de un proyecto escolar de no violencia y aprendizaje socioemocional, que proporciona a toda la comunidad educativa herramientas para su desarrollo personal, resiliencia e integración.

Y, además, de la mano de la Coordinadora del centro y el Responsable Regional de Educación, compartimos con el brillante equipo docente que integra profesoras y profesores de origen tanto libanés como sirio y que, gracias a su entrega, hacen posible la innovación educativa mediante el uso de herramientas y contenidos digitales en las clases de apoyo escolar.

En este centro, que es un oasis en mitad del caos de Bourj Hammoud, las niñas y niños de los primeros cursos de primaria utilizan con impresionante soltura unas tablets, a través de las cuales, las cinco profesoras y el profesor comprometidos con el proyecto, pueden seguir y monitorear las actividades y el desarrollo académico de cada estudiante de forma individual.

Más allá de la mejora de la práctica escolar, el uso de la tecnología supone un elemento motivador para las niñas y niños del centro, por supuesto. Pero, además, les devuelve la sensación de normalidad, les iguala con sus compañeros de la escuela pública, refuerza su dignidad y les garantiza unas capacidades diferenciadoras en el largo plazo.

Este proyecto les apoya en el presente y les prepara para los desafíos del mañana. Y esto solo es posible gracias a los esfuerzos de todas y todos los que formáis parte de la casa. Así que gracias, Entreculturas, por formar parte de su futuro.

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