EDUCACIÓN RURAL TRANSFORMADORA EN GUATEMALA

Iban a cerrar la escuelita parroquial de Olopa, no había medios para sostenerla. Total, esa escuelita era «el basurero«, la «escuelita desagüe«, la llamaban así porque allí solo iban los pobres, los que no valían. Pero Fe y Alegría aceptó hacerse cargo de la escuela y cinco años después, escuchar el testimonio de su Directora, Liliana Pazos, es como una vela prendida en el camino. Una experiencia que trae, además, muchos aprendizajes para nosotros.

Olopa es un municipio de unos 25.000 habitantes, que pertenece al departamento de Chiquimulas, al este de Guatemala, cerca de la Frontera con Honduras y El Salvador. La mayoría de la población vive de cultivar café para la venta. Es un pueblo seguro, comparado con la violencia que reina en otras zonas del país, la gente es honesta, amable, confían unos en otros y mantienen un sentimiento fuerte de comunidad, que en circunstancias adversas, les ha llevado a unirse y actuar colectivamente cuando ha hecho falta para defender a alguno de sus miembros.

Liliana cuenta con pasión contagiosa lo que supuso para su comunidad ingresar en Fe y Alegría: «Convocaron a los líderes comunitarios para dar su opinión y hacer con ellos un diagnóstico que nos sirvió de línea de base, fue el insumo a partir del cual empezamos a trabajar. Luego formaron grupos mixtos entre la comunidad y los docentes para preguntarnos que queríamos de la escuela. Aquello nos hizo soñar, juntos, por primera vez. A partir de ahí, nos ayudaron a formular una línea de mejora que ha orientado nuestra acción estos años. Y metieron a los padres y madres a colaborar con la escuela, parecía imposible, nunca se acercaban antes a la escuela. Nos dijeron que éramos un equipo, padres, madres y escuela, para sacar adelante a nuestros hijos.»

Su línea de mejora fue «mejorar el rendimiento académico en lengua y matemáticas utilizando la tecnología«. A partir de ahí aprendieron a planificar, definir acciones para conseguir los objetivos fijados y evaluar. Docentes y alumnado, todos conocían las prioridades y las utilizaban para discernir sobre nuevas propuestas y sugerencias de acciones que llegaban. Y la escuelita empezó a ir hacia arriba y a retar a las otras escuelas…. «Nos dimos cuenta de que para incorporar tecnología a la escuela necesitábamos primero ordenadores, alfabetizar informáticamente a los docentes y capacitarles para enseñar utilizando computadores. Al principio alquilamos unos pocos equipos, ahora los hemos adquirido. No tenemos sala de computación, pero llevamos los laptops al aula. Los maestros han abandonado las clases magistrales, han sido muy creativos y surgieron muchos proyectos. Hoy somos una escuela tecnológica que recibe más solicitudes para entrar a la escuela que plazas tenemos. Desde 4º de primaria, nuestros niños usan office, hacen presentaciones, reciben y envían los deberes por email, etc. Planificamos y evaluamos por competencias, los contenidos son solo un medio»

Liliana va desgranando con optimismo otros logros importantes del sistema de mejora. «El nivel educativo también ha aumentado porque hemos reducido a casi cero los alumnos que pierden grado o desertan. Mucho perdían grado porque sus mamás se van a trabajar todo el día y cierran la casa hasta que regresan, los niños se pasaban la tarde en la calle y cuando entraban en la casa al anochecer, ya no había luz. Así abrimos el programita de la tarde, para que puedan comer en la escuela y pasar la tarde en un espacio de estudio acompañado y ocio, son los niños más pobres. Ha sido un éxito, para ellos la escuela es su casa, costó trabajo al principio que aceptasen quedarse, su vida era la calle, ahora no quieren irse. ¡Qué habrá o que no habrá en sus casas!

Como resumen nos dice «Hemos aprendido que tenemos que hacer juntos lo que solos no podemos, con la Federación Fe y Alegría, con Entreculturas, …»  Gabriel le pregunta por los retos y Liliana menciona, sin dudar, el continuo educativo: «Nuestros jóvenes terminan la primaria muy bien capacitados, pero se quedan sin opciones, y luego aparecen problemas como la violencia o las migraciones».

Gracias Liliana, gracias Fe y Alegría.

 

 

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