Encuentros que cambian vidas

Por Beatriz García (voluntaria delegación Valencia)

Estuve en El Escorial la primera vez en 2004. Como parte de la Delegación de Fe y Alegría Venezuela fuí para participar en el XXXV Congreso Internacional de Fe y Alegría. Recuerdo que fue un Congreso de profundización sobre el pilar político de la educación popular, un espacio de apuesta por la transformación social y su papel como actor internacional y agente de sensibilización para el cambio social.

Entreculturas fue anfitrión de este Congreso Internacional que reunió a personas de diversos países de América Latina, en él coordinó una relevante reflexión sobre la educación para el cambio social que subrayó la importancia de la incidencia en el espacio público. Allí tuvimos la oportunidad de encontrarnos con un potente voluntariado de diversas regiones del país. Recuerdo que me sorprendió cómo personas dedicaban tiempo y esfuerzo, después de sus jornadas laborales, a llevar adelante acciones de solidaridad.

El congreso implicó una experiencia impactante de incidencia en territorio español. En parejas, personas de las delegaciones recorrimos diversas regiones de España para dar a conocer la situación de la educación en nuestros países y la propuesta educativa con intencionalidad transformadora de Fe y Alegría.

Recuerdo también que, en compañía de Entreculturas, fuí a Zaragoza con Fernando Cardenal SJ (+), en ese entonces, director nacional de Fe y Alegría Nicaragua. Estuvimos en diálogos con estudiantes, directivos y funcionarios de ayuntamientos, colegios jesuitas, entre otros espacios sociales. Escuchar y compartir con el jesuita que había coordinado la Cruzada Nacional de Alfabetización en Nicaragua fue un verdadero lujo agitador de la conciencia crítica. No regresé igual a Venezuela.

22 años después me encuentro nuevamente en El Escorial, esta vez como parte de la delegación de voluntariado de Entreculturas Valencia. Asistimos al encuentro ¡Nº 75! y a la celebración de los ¡35 años! del voluntariado internacional de Volpa. Muchas imágenes atraviesan la memoria. Rostros conocidos se cruzan en el diálogo en la mesa o en los pasillos de la casa “Sagrados Corazones”, seguramente escenario de múltiples discernimientos, aprendizajes y anhelos queriendo germinar.

Esta vez se movió el pensamiento en torno a la necesidad de construir comunidades de solidaridad capaces de incidir en la construcción del bien común, al enfoque de educación popular que permea nuestra identidad y a cómo seguir fortaleciendo desde estos focos el voluntariado. El relato de numerosas historias cargadas de compromiso nos abrazó para  reconocemos en ellas.

En estos 75 encuentros de Entreculturas y 35 años de Volpa, sin haber pertenecido directamente a estas organizaciones, me atrevo también a celebrar con ellos y ellas el camino escogido para gastarnos la vida. Celebro la permanencia de personas concretas, que en diversas circunstancias han mantenido opciones fundamentales con la mirada puesta en un mundo más humano. Celebro los lazos invisibles que se tejen y trascienden los tiempos, las distancias y lugares para conectar los mismos sueños y las mismas apuestas. Celebro el entusiasmo de muchachas y muchachos en espera de su destino para el ejercicio de su voluntariado en Volpa, esa alegría nos renueva.

Comparto en un altar el agradecimiento por tanto bien recibido, por los cambios personales y comunitarios cosechados y por tantas historias con espíritu transformador y contagiante que afirma un “¡Aqui estamos, aquí seguimos!”.

 

 

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